El FúTbol from MigueRengel
¡Una corona que no se marchita!
Este Blog, busca acercar a muchas personas aficionadas por el fútbol a una relación con Dios, que no se hace indiferente ante la humanidad, sino que llega a cada hombre, incluso al que menos lo imaginamos para darle sentido a su vida. el fútbol es un deporte universal, que apropiado saber que en él, podemos ver las obras de Dios por medio de quienes lo juegan y por medio de quienes vibramos al verlo jugar.
martes, 5 de abril de 2016
Rusia 2018...Nos espera....con Cristo
CULTURA DEL ENCUENTRO………….
Hace ya dos años, que el mundo se paralizaba alrededor
de uno de los eventos más llamativos y que más logran reunir personas en el
mundo.
La copa mundial de la FIFA 2014, en la que una
cantidad considerable de selecciones, cuatro años atrás habían luchado en sus
respectivos continentes por alcanzar un cupón que les permitiera estar en este
torneo orbital.
Brasil y sus ciudades se convirtieron alrededor de un
mes en la capital del mundo, todos los ojos puestos allí para ver el desempeño
futbolístico de las diversas selecciones, cientos de jugadores sus familias
amigos, y las hinchadas más fieles estuvieron allí.
El papa Francisco un hombre que gusta del futbol
aprovecho para motivar a quienes asistieron
allí, a vivir la cultura del encuentro, y vaya encuentros y choques de
culturas los que allí se dieron. Es una oportunidad que brinda el futbol para
que también se vivan los valores de la hermandad y la fraternidad, mas allá de
unos colores esta la dignidad del hombre, más aun es la oportunidad para
mostrar a Jesus que quiere que vivamos en el amor a quienes viajan a reunirse
alrededor de un partido, para nosotros los cristianos debe ser una oportunidad,
para llevar a cabo la cultura del encuentro, pero sin duda lo más importante
para buscar llevar a Jesus a todos los que se mueven por la emoción del grito
Gooooool , y que nosotros queremos que sea la emoción de conocer a Jesus que es
mucho más grande y verdadero….¿Te animas a hacerlo en Rusia 2018?.
Mundial de Futbol
MENSAJE
DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON
MOTIVO DEL MUNDIAL DE FÚTBOL 2014 EN BRASIL
Queridos amigos:
Con gran alegría me dirijo a todos vosotros, amantes
del fútbol, con ocasión de la apertura de la Copa del mundo de 2014 en Brasil.
Deseo enviar un cordial saludo a los organizadores y a los participantes; a
cada deportista y a cada aficionado, así como también a todos los espectadores
que, en los estadios o por televisión, radio e internet, siguen este
acontecimiento que supera las fronteras de lengua, cultura y nación.
Mi esperanza es que, además de ser una fiesta
deportiva, esta Copa del mundo se convierta también en una fiesta de
solidaridad entre los pueblos. Esto presupone, sin embargo, que los encuentros
de fútbol se consideren por lo que son en el fondo: un juego y al mismo tiempo
una ocasión de diálogo, comprensión y enriquecimiento humano recíproco. El
deporte no es sólo una forma de entretenimiento, sino también —y diría sobre
todo— un instrumento para comunicar valores que promueven el bien de la persona
humana y contribuyen a la construcción de una sociedad más pacífica y fraterna.
Pensemos en la lealtad, la perseverancia, la amistad, el compartir, la
solidaridad. De hecho, son muchos los valores y las actitudes que promueve el
fútbol y que se revelan importantes no sólo en el campo de juego, sino en todos
los ámbitos de la existencia, y en concreto en la construcción de la paz. El
deporte es escuela de paz, nos enseña a construir la paz.
En este sentido, quisiera destacar tres lecciones de
la práctica deportiva, tres actitudes fundamentales para la causa de la paz: la
necesidad de «entrenarse», el «fair play» y el respeto entre adversarios. En
primer lugar el deporte nos enseña que, para ganar, es necesario entrenarse. En
esta práctica deportiva podemos ver una metáfora de nuestra vida. En la vida es
necesario luchar, «entrenarse», esforzarse para obtener resultados importantes.
El espíritu deportivo se convierte así en una imagen de los sacrificios
necesarios para crecer en las virtudes que forman el carácter de una persona. Si,
para que una persona mejore, es necesario un «entrenamiento» grande y
constante, cuánto mayor esfuerzo se necesitará para lograr el encuentro y la
paz entre las personas y entre los pueblos «mejorados». Es necesario
«entrenarse» mucho....
El fútbol puede y debe ser una escuela para la
construcción de una «cultura del encuentro», que permita la paz y la armonía
entre los pueblos. Y aquí viene en nuestra ayuda una segunda lección de la
práctica deportiva: aprendamos lo que el «fair play» del fútbol puede enseñarnos.
En el juego de equipo es necesario pensar en primer lugar en el bien del grupo,
y no en sí mismos. Para ganar, es necesario superar el individualismo, el
egoísmo, todas las formas de racismo, intolerancia e instrumentalización de la
persona humana. No es sólo en el fútbol que ser «individualista» constituye un
obstáculo para el buen resultado del equipo; porque, cuando en la vida somos
«individualistas», ignorando a las personas que nos rodean, se daña a toda la
sociedad.
La última lección del deporte proficua para la paz es
el respeto debido entre adversarios. El secreto de la victoria, en el campo de
juego, pero también en la vida, está en saber respetar a mi compañero de
equipo, pero también a mi adversario. Nadie gana solo, ni en el campo de juego
ni en la vida. Que nadie se aísle y se sienta excluido. ¡Atención! No a la
segregación, no al racismo. Y, si es verdad que, al término de este Mundial,
una sola selección nacional podrá elevar la copa como ganadora, es verdad
también que aprendiendo las lecciones que el deporte nos enseña, todos
saldremos de él ganadores, reforzando los vínculos que nos unen.
Queridos amigos, agradezco la oportunidad que se me ha
dado de dirigiros estas palabras en este momento —de modo particular a la
presidenta de Brasil, la señora Dilma Rousseff, a quien saludo— y prometo rezar
a fin de que no falten las bendiciones celestiales para todos. Que esta Copa
del mundo se pueda realizar con toda serenidad y tranquilidad, siempre en el
respeto mutuo, en la solidaridad y en la fraternidad entre hombres y mujeres
que se reconocen miembros de una única familia. ¡Gracias!
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